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lunes, 5 de noviembre de 2012

Próximos Talleres De mare a Mare


  •  Paritorio
  •  Mitos
  •  Papel de las abuelas en la lactancia
  •  Control de Esfínteres, Fecha: 14 Diciembre del 2012 y Mayo 3 del 2013
  •  Alimentación Complementaria
  •  Día 8 de Marzo día de la mujer trabajadora. Fecha: viernes 1 de Marzo del 2013
  •  Papel del padre. Fecha: viernes 22 de Marzo del 2013
  •  Taller de Porteo


Estos serán nuestros próximos talleres algunos ya tienen fechas, y conforme tengamos más información iremos poniendo en el BLOG.

Saludos, De mare a mare

miércoles, 4 de abril de 2012

Puerperio y lactancia materna: recuperar el tempo de la maternidad


Dedicado a todas esas maravillosas puérperas que inundan nuestras vidas de inspiración y oxitocina. Ellas llevan en su interior la verdadera fuerza transformadora del mundo”.
Tal vez, de entre todos los estadios de la femineidad, el más desconocido por la sociedad sea el del puerperio. Tal es la ignorancia que existe sobre esta enriquecedora etapa del alma femenina, que si se busca la definición en el diccionario de la RAE nos encontramos con esta insultante entrada en su primera acepción: “Puerperio: Período que transcurre desde el parto hasta que la mujer vuelve al estado ordinario anterior a la gestación.”
Absurda explicación donde las haya. Jamás una mujer, tras ser madre, y sean cuales sean sus circunstancias ulteriores, volverá “al estadio ordinario anterior a la gestación. El embarazo, el parto, la lactancia y, aún más, el puerperio, modifican ese estado y, tras el paso por estas etapas, aparece una mujer diferente, ni mejor, ni peor, simplemente distinta a la que era antes de su embarazo. Además, si la mujer opta por ofrecerle a su bebé lo que se denomina una lactancia “prolongada”, es decir, más allá de los primeros seis meses de vida, muchas mujeres realizarán un camino iniciático de recuperación de la espiritualidad ancestral de la maternidad.
Si me lo permiten, desearía tomarme aquí una pequeña licencia para exponer mi oposición al término “lactancia prolongada”. ¿Por qué lactancia prolongada cuando lo normal es que la lactancia materna dure más allá de los dos o tres primeros años de vida? Abogo porque se denomine “lactancia reducida” a aquella que sea inferior a los dos años recomendados por la OMS y Lactancia normal, o simplemente “Lactancia” a la que sea la natural que dispone la fisiología de nuestra especie.
Pero, siguiendo con el tema del puerperio, me gustaría recordar que la primera fase del puerperio transcurre durante las primeras semanas y meses tras el parto. En esta primera etapa, por lo general, nos encontramos con un periodo complejo y convulso en el que las emociones tanto positivas como negativas, fruto del reajuste hormonal y emocional post embarazo y parto, atraviesan el cuerpo de la madre (y del bebé) de forma cuasi continua. Como mínimo, podríamos decir que esta primera fase del puerperio es desconcertante y abrumadora, y no es de extrañar que muchas mujeres realicen una “huida hacia adelante” y lo eludan sin intentar siquiera comprender el porqué de ese bombardeo continuo de recuerdos, sensaciones y vivencias al que las está sometiendo su inconsciente. No obstante, esta evasión tiene su precio y, por desgracia, en muchas ocasiones, la salud del bebé acaba resintiéndose por la deserción emocional de su madre.
Durante el puerperio, el bebé ejerce de intermediario entre su madre y su sombra. Si los conflictos emocionales maternos no se mueven, si se esconden aún más, el bebé actuará como el Maestro de la madre mostrándole el camino a seguir para liberarse de los condicionamientos negativos de su pasado. Llantos, enfermedades, alergias, resfriados, cólicos, etc. ¡Todo es una llamada de atención a la madre!
También es verdad que no todas las madres recientes están preparadas, maduras o viven en el entorno adecuado para conocer de primera mano la cara más oscura de su pasado. No olvidemos que las puérperas se enfrentan día a día a una miríada de recuerdos sin ambages, dolorosos y, las más de las veces, angustiosos. Además, estas imágenes que vuelven del pasado en crudo, sin los adornos que el tiempo les puso para suavizarlas, pueden ser muy desestabilizadoras ya que atacan directamente a las creencias y convicciones de la nueva Mamá. Para muchas mujeres, resulta apabullante el percatarse de que su madre, tan fantástica como les parecía, en realidad era una persona egoísta que, de niña, la tenía abandonada emocionalmente, o que un familiar abusó de ella, o que su abuela tenía sojuzgada a su madre, o que su padre la maltrataba psicológicamente, o simplemente, que fue una niña solitaria a la que nadie sostuvo emocionalmente, o, o, o … y por cada puérpera tenemos mil y un recuerdos, mil y una historias por resolver.
Para buscar un símil que defina con propiedad el Puerperio, podríamos decir que esta etapa de la sexualidad femenina es como álbum de fotos multisensorial. Un álbum, en el que un olor, una palabra, un sonido, una imagen, un sabor, una palabra, etc. rescata, súbitamente, de la memoria más recóndita y perdida, los recuerdos de un acontecimiento, las más de las veces no resuelto, y que aunque olvidado en el consciente, ha dirigido, desde el inconsciente, el comportamiento vital de la niña y de la adulta.
Pasados los primeros meses de puerperio, cuando el bebé es más mayor y menos vulnerable, cuando la madre está menos angustiada en su nuevo papel, si la mamá lo desea y sigue con la Lactancia Materna, llega el momento en el que la mujer puérpera puede aprovechar el enorme potencial de creatividad y transformación interior que brinda esta época única de la femineidad. Al tiempo que mana la leche por el pecho, fluyen las ideas por la mente, se remueven los recuerdos en el corazón y la oportunidad de liberarse de la sombra aparece con una fuerza extraordinaria. Este es el momento que toda mujer puérpera debe aprovechar para buscar su yo esencial, para liberarse de condicionamientos y traumas pasados y recuperar su verdadera personalidad. El camino no es sencillo y, las más de las veces, será necesario que la mujer cuente con una o varias cómplices respetuosas y comprensivas en su camino de autodescubrimiento (grupos de madres, asociaciones, psicólog@s o terapeutas expertos en puerperio, etc.). Los daños emocionales, a veces, son tan profundos que resolverlos por una misma es imposible. Buscar y pedir ayuda no tiene nada de vergonzoso, al revés supone un acto de madurez y de responsabilidad hacia los hijos. Si nos liberamos de nuestras zonas sombrías, le estamos regalando a nuestros hijos la posibilidad de no heredar nuestros condicionamientos. Si nos deshacemos de nuestros yugos, no se los pasaremos a nuestros bebés y tendrán un camino vital más libre, con menos trabas.
En paralelo a esta introspección personal, la mujer puérpera ve cómo,  de su interior, la creatividad surge o resurge en ella con una fuerza extraordinaria. La energía de la femineidad se abre paso y la mujer la utiliza para pensar, escribir, pintar, coser, esculpir, diseñar, imaginar, etc. con gran inspiración y sensibilidad. Los temas más recurrentes en las obras de estas maravillosas artistas suelen ser los hijos, la naturaleza, la vida, la maternidad, el significado de ser mujer, el parto, la lactancia, el embarazo, la crianza y la transformación interior derivada de la fuerza creadora y dadora de vida de la femineidad. Este proceso se produce intrínsecamente relacionado con la lactancia materna. Hormonas como la oxitocina y la prolactina inundan a la madre en cada toma del bebé, lo que estimula cambios fisiológicos, emocionales y psicológicos. Además, el movimiento de succión que realizan los pequeños y el tiempo de cada mamada provocan que la madre entre, durante esos periodos, en un estado ampliado de consciencia. Relajada y con los sentidos preparados para la meditación, cada lapso de tiempo en el que el bebé está al pecho, para la madre supone, si se permite sentarse o tumbarse y entrar en comunión con su pequeño, un destello de inspiración diurno y nocturno. Al mismo tiempo, con cada momento, con cada día y noche que pasa junto a su bebé, la mamá se introduce, gracias en parte a la lactancia materna, más y más en el en el universo de su hijo. La mujer, poco a poco, va abandonando los tempos anteriores al nacimiento de su bebé, la relevancia de los hechos cambia y un nuevo ritmo se instala en la vida de la familia. La mujer recupera el tempo de la maternidad. La tele, el ordenador, la radio, el reloj ya no marcan los horarios de la vida, todo esto pierde importancia y da trascendencia a lo que realmente merece la pena: el apego, el vínculo, las miradas, los besos, los abrazos, las caricias de sus pequeñas manitas, el Amor incondicional de dos seres fusionados por la fuerza creadora de la maternidad.
Este estadio de la sexualidad femenina, el puerperio, permanece activo durante todo el periodo que dura la lactancia materna. Si bien es cierto que durante los dos primeros años, la intensidad creativa y de introspección es mayor, también es verdad que, hasta que el niño no deja de mamar, la madre sigue manteniendo abundantes momentos de recuperación de recuerdos y de inspiración. Por cierto, también las madres que trabajan y siguen lactando viven este puerperio extenso. Ellas, con una gran valentía y fuerza de voluntad, desarrollan la capacidad de adaptarse tanto al tempo de la vida moderna, como al tempo de la maternidad.
La mujer y la naturaleza son dos madres cuyos ciclos vitales marcan los tempos de la vida. Al final del puerperio, cuando llega el destete, finaliza un extraordinario periodo de aprendizaje de la madre. Durante estos años, si se ha dado la oportunidad, la mujer se ha repensado, liberado, reconstruido y transformado. El puerperio, gracias al contacto con ese ser sabio que es el bebé, y a esa extraordinaria ayuda hormonal y emocional, representada por la lactancia materna, se nos presenta como un periodo vital único, difícil, duro, maravilloso, energético e inspirador. Merece la pena adentrarse en este complejo camino iniciático para recuperar a la mujer esencial que llevamos dentro y que muchas perdimos por nuestras circunstancias y vivencias traumáticas. Fluye por el puerperio, recupera a tu verdadero yo, ése que es decidido, creativo y maternal.
Autora: Elena Mayorga

Extraído de Mente Libre

miércoles, 19 de octubre de 2011

“Dar la bienvenida a la vida"






La Plataforma Pro Derechos del Nacimiento sostiene que cómo nace y es recibido el bebé condiciona su futuro.

Es una entidad que se define como «el vínculo entre profesionales y padres que quieren mejorar la llegada de los bebés a la vida». En este sentido, considera vital la época de gestación, nacimiento y primera infancia de los niños.


Difunde las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud en materia de salud materna fetal, proponiendo y potenciando la formación del personal sanitario que atiende a los bebés y ofreciendo información y formación a los futuros padres.


Uno de los éxitos de los que está más orgullosa es el reconocimiento de los diez derechos del nacimiento, institucionalizados en el Día Mundial de los Derechos del Nacimiento (7 de junio).


La Plataforma, sostiene que el nacimiento es uno de los momentos más cruciales de nuestra vida, de los más impactantes, y que todo lo que ocurre nos queda grabado, aunque no seamos conscientes de ello: «Desde que nos concebimos en la mente de nuestros padres, somos fecundados, nos gestamos, nacemos y los primeros años de vida, recibimos una serie de impresiones y construimos la base de nuestra personalidad y nuestro carácter.»


Según estas impresiones y sensaciones recibidas desde el inicio de nuestra existencia van a marcar el resto de nuestra vida:


«Por ejemplo, un niño concebido sin que sus padres lo estén buscando, cuya madre se entera de que está embarazada y le sienta fatal, hará que ese niño no se sienta bienvenido a la vida.

Este niño pasará el resto de su vida con esta impresión de no ser bien recibido.

Se sentirá fuera de lugar donde quiera que vaya y a lo largo de su vida recreará la misma sensación de no ser bienvenido.»


El trabajo de la Plataforma es difícil porque reivindica algo que es difícil de asumir, tanto por los padres como por los profesionales sanitarios. «Los padres que no han recibido información, por lo que no han cuidado dicha faceta del nacimiento de sus hijos», indica, «no pueden asumir a nivel emocional que eso haya podido ser un perjuicio para ellos. Eso es muy duro de afrontar y prefieren ignorarlo». Del mismo modo, los profesionales «que están todos los días atendiendo partos, tampoco pueden asumir que aunque sin intención, estén causando ningún tipo de daño a los bebes que reciben».


Ni a los padres ni los profesionales les gusta oír que están actuando incorrectamente y, por tanto, perjudicando al bebé.

Desde la Plataforma se subraya que los profesionales deberían tratar el momento del nacimiento como si fuera un ritual, teniendo en cuenta las necesidades de la madre y del niño, las preferencias de la madre, que se sienta acompañada... «Cuando sacan al niño, del cuerpo la madre, rompiendo el vinculo entre madre e hijo, que por desgracia la mayoría de las veces se hace, lo separan de la madre para lavarlo, pesarlo, medirlo... el niño pierde por unos minutos el cuerpo de su madre, o sea, todo lo que conoce. No puede entender ni dónde está, ni que sucede, no sabe dónde está su mundo.


La actuación correcta en un parto es respetar su ritmo natural, si es posible. Hay que dejar al bebé encima de la madre, que es lo que conoce.» Gracias a Dios cada día hay más profesionales que están concienciados de que debe cambiarse la mentalidad en cuanto al nacimiento. Cataluña es la comunidad que más profesionales tiene dispuestos a atender un parto fisiológico y un parto en casa.


La Plataforma dispone de una base de datos en la que aparece el 90% aproximadamente, de profesionales que trabajan preparando y atendiendo parto fisiológico en toda España.


Ángeles Hinojosa, comenta, que el nacimiento es un momento que está muy descuidado a nivel emocional en la mayoría de los casos, «porque a nivel físico se cuida muchísimo».


De igual modo que hay profesionales concienciados, también hay padres y madres que tienen muy claro que quieren un parto natural, fisiológico.


Para ello se han preparado a fondo. Ángeles Hinojosa se lamenta de que «mucha gente no entiende que tenga que prepararse para tener un hijo y que esta preparación (dice) debe empezar antes de que la mujer quede en estado».

Paciencia y respeto

La Plataforma realiza su trabajo en medio de muchas dificultades e incomprensiones. Para ello se carga de buenas dosis de paciencia y de mucho respeto, «porque no se trata de reprochar, sino de ayudar a abrir los ojos».


Ahora hay mucha más conciencia que antes, cuando «no se sabía que el niño era consciente e inteligente y que todo le afectaba. Ahora se sabe que el niño capta todo y que esta información le servirá para construir su personalidad y que marcará su futuro».


«Está comprobado que un porcentaje alto de personas agresivas, irrespetuosas y violentas han tenido nacimientos problemáticos. Por eso, todos los esfuerzos que se dediquen al nacimiento son pocos.»


La Plataforma siente que con su trabajo se le brinda una oportunidad de colaborar a cambiar la vida, de poner la base para un mundo mejor. Son pequeños pasos que se dan y que fructifican: «Vemos que los padres, como las madres, se están involucrando en el nacimiento de su hijo. Muchos hombres están involucrándose en la experiencia, viviendo el embarazo junto con sus parejas, incluso a nivel físico. Esto es un regalo para el bebé, el tener a unos padres que tanto lo desean. Si los niños se sienten amados, transmitirán amor.»

Ángeles Hinojosa

Presidenta Plataforma pro Derechos del Nacimiento

miércoles, 28 de septiembre de 2011

EL PUERPERIO NO ES UNA PATOLOGÍA

Esta es la historia de mi madre, de su madre y sus ancestros a partir de la negación de la maternidad entrañable, de la sustitución de la maternidad auténtica y su reemplazo por la fábrica de criaturas al servicio del sistema. Una historia triste y plagada de represión. Es una historia que empiezo a reescribir, teniendo en cuenta la importancia de nombrarla y la necesidad de comprenderla para que el salto sea verdadero y duradero.

Mi madre, su madre y nuestros ancestros transitaron su maternidad bajo el mandato explícito o no de sumir a sus criaturas en el desierto emocional, ya que así, las criaturas atemorizadas, cuestionarán menos el status quo. Negarles el bienestar y posicionarlas en el lugar del enemigo es la estrategia impuesta por el patriarcado. Sólo así la madre entrañable es capaz de ser reemplazada por la madre robotizada que ignora y ningunea el deseo vivo del bebe y el/la ninx en el/la cual se transforma. Sólo así se puede justificar el sufrimiento en nombre del bien y el progreso.

Mi madre padeció la última capa a este crimen, traído gracias a la modernidad y el avance de la ciencia. Su madre y las otras madres transitaron puerperios en los que el deseo murió y fue puesto en su lugar la mecanización de la crianza, aunque probablemente no se sintieron tan solas, probablemente ciertos vestigios de su condición de mamíferas fueron puestos en práctica, colmando aunque sea un poco la necesidad de sus crías.

Mi madre, madre primeriza a los 36, con una vida y una identidad puestas en el hacer, ya sin referentes a quienes recurrir, con una incapacidad para hacer pedidos concretos en cuanto a sus necesidades, y habituada a valerse por sí misma, aceptó, quizás ingenuamente, la prescripción médica de barbitúricos para paliar la desolación que trajo el nacimiento de mi hermano, en el marco de una depresión puerperal. Un psiquiatra de bata blanca, con la autoridad que eso le confiere, la sentenció a una vida de adicción y desconexión solo porque ella atravesaba un puerperio más o menos confuso.

Seguramente ella y su entorno pensaron que era lo mejor. Probablemente, nadie supo como acompañarla y sostenerla las largas horas que pasaba sola con un bebe que solo pedía y pedía, que la devoraba y la ponía en contacto consigo misma de pequeña, pidiendo y pidiendo sin recibir lo que necesitaba.

Los barbitúricos son drogas duras, con un nivel de tolerancia que se eleva a medida que se mantiene el tratamiento, por lo tanto y progresivamente, aumentaba la cantidad que había que tomar para alcanzar el efecto deseado, un efecto de aletargamiento e indiferencia. Solo así se puede tolerar el aullido de un bebe dolido por carecer.

Dos años más tarde llegué yo, y ese puerperio apenas transitado volvió a empezar con mas furia, con más pastillas, con más dolor anestesiado, colándose por las rendijas.

No tengo recuerdos de jugar con ella, tengo muchos recuerdos de persianas bajas aunque fuera de día. Ella dormía y dormía, y cuando estaba despierta no estaba presente. Seguramente se ocupaba de nosotros de alguna manera concreta y específica, estábamos vestidos, íbamos a la escuela, la casa estaba limpia. Pero cuando me veo a mí de niña, nunca la tengo cerca. La medicación psiquiátrica siempre estaba ahí (aun lo está) la frialdad siempre estaba ahí (y ahí sigue) la desconexión también y la falta básica, primaria de contacto, de brazos, de vivencias maternantes están y estarán.

Tener a mi hijo me permitió, entre otras maravillas, comprender el dolor de mi madre y el mío, ver la fisura y ponerme en acción para no repetir esta historia, que es la historia de muchas de nosotras. Nuestros puerperios son vistos desde afuera como algo amenazador, peligroso, incomprensible. Los depredadores rondan las diadas madre-bebe, dispuestos a atacar con el afán de separar. Probablemente, desde su lugar ignorante y lleno de prejuicios crean que tienen una buena intención: aliviar el sufrimiento, paliar un síntoma. Pero no comprenden que un síntoma nos está mostrando algo que debemos ver. Las personas, aquellas que provienen de la misma carencia y no han tenido la oportunidad de recorrer su historia personal, se incomodan ante el dolor del otro, entran en contacto con el propio, y han aprendido que el dolor es algo a evitar a toda costa.Por lo tanto, ni bien se asoma la dimensión oculta que nos conforma desde la sombra son capaces de sugerir las cosas más disparatadas, contradictorias y crueles para sacarnos de ese estado, para que nos mantengamos en la superficie.

Mi puerperio fue un periodo trascendental. Duro, pedregoso, donde se encontraron la vida y la muerte, propia y ajena. Fue el fin de un modo de ingenuidad con el que me desenvolví durante mucho tiempo, y a pesar de haber recorrido un camino de autoconocimiento previo a desear ser madre, fue durante el puerperio que se cristalizaron aprendizajes que sin saberlo, solo estaban en la superficie.

El nacimiento de mi hijo me permitió manejarme en otra frecuencia. Las percepciones, impresiones y visiones abruman, hipersensibilizan, y fue posible absorber lo que nos rodeaba de una manera cruda, viva, esencial.
El puerperio vivido de forma íntegra nos ofreció un tiempo místico y femenino, embebido en la más ancestral sabiduría, nos colocó en el umbral entre el pasado y el futuro, pudiendo acceder tanto a uno como a otro y así devenir madre. Fui capaz de explorar y fundirme en el deseo más primal, de dar brazos, calor y leche. Fui capaz de enloquecer y morir, entender de donde venían aquellos sentimientos ambivalentes y poner palabras sobre lo innombrable. Tuve la fortuna de estar acompañada, de conectar con otras madres, de poder derramar lágrimas y recibir abrazos. De encontrar voces que decían aquello que quería decir, pero que no sabía por dónde empezar. No me di cuenta de la importancia de la red hasta que la tuve, y si no la hubiera tejido quizás la historia hoy sería otra. Y otro factor que tuve a favor, es que siempre tuve facilidad para ignorar la autoridad de otros.

¿Por qué el patriarcado insiste en patologizar el puerperio? ¿Por qué existe tal empeño y se dedica tanta ciencia a desarrollar más y más fármacos que anestesien y amainen este caudal de conocimiento y potencial transformador? Porque para el patriarcado, la mujer es peligrosa. Pretende coartar las decisiones sobre nuestro cuerpo, usurpar nuestros partos, sabotear nuestras lactancias y estigmatizar la libido maternal. Así como el embarazo es dirigido por la autoridad médica, y el parto, mecanizado y violentado, el puerperio es puesto como una enfermedad. Es el camino que toma la espiral de violencia. Estoy segura que habrá algunas mujeres para quien la medicación psiquiátrica es necesaria, para quien los síntomas son tan intensos que es necesario llegar a un nivel de base para poder encarar un trabajo terapéutico, pero hoy se patologiza la simple irrupción de la sombra. Una madre necesita sostén y amparo, sentirse contenida, escuchada y validada.

Somos muchas mujeres quienes estamos detectando este accionar macabro, y tejiendo nuestras redes estamos logrando resucitar a la madre entrañable y reescribiendo la historia.

Vía Deseoprimal, por Delfina