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viernes, 3 de mayo de 2013

Lactancia materna fustrada (otra más)

En general, las personas desconocen hasta qué punto es importante el apoyo durante la lactancia materna. Un apoyo con conocimiento, claro, no basado en mitos y falsas creencias.
Apenas hace un mes que visité a una mamá con su bebé recién nacido durante una de las asistencias a mi voluntariado en el Hospital General. La chica estaba alegre porque quería amamantar a su niña, pero me refirió que sentía un dolor insoportable cuando la criatura se le agarraba a los pezones. Estuve con ella viendo la toma y aparentemente estaba bien, pues en apenas 24 horas de vida no es fácil detectar problemas. Aun así, le comenté que cuando saliera del hospital y si el dolor persistía, acudiera a visitar a una de nuestras asesoras que atiende en el pueblo de al lado de donde ella venía. Le dije que, por lo que me refería, era muy posible que la niña tuviera un frenillo y para ello tendrían que hacerle un diagnóstico y un seguimiento del mismo para poner solución en caso de que necesitara una frenotomía.
Han pasado poco más de tres semanas y me ha llamado la asesora en cuestión para contarme sobre esta madre. Y todavía me estoy reponiendo del disgusto.
Efectivamente el dolor continuaba y cuando la madre no pudo más acudió a la matrona de su Centro de Salud, quien observó una mastitis y derivó a la persona oportuna (médico) para que le dieran un tratamiento antibiótico.
Hago un paréntesis para comentar que, durante cierto tiempo se han tratado las mastitis con un antibiótico bastante común, pero a día de hoy y tras numerosos y constantes estudios, se ha podido verificar que la mayoría de mastitis están causadas por el estafilococo aureus y por el estreptococo epidermidis, de los cuales la mayoría de las cepas son resistentes a estos antibióticos y necesitan, para su total curación, uno muy específico. Y sabemos cuál es.
La madre, no bien sin pesar, tomó el antibiótico que, como era de esperar no le hizo ningún efecto y además, le produjo un efecto rebote. Los pechos comenzaron a tener una ingurgitación que añadida a la mastitis, le producían un dolor insoportable. Entonces acudió a nuestra asesora… quien, viendo que era demasiado tarde y el tema ya no era de su incumbencia, la puso en contacto con un médico de referencia para nosotras, el único que por aquí sabe tratar estos temas tan concretos.
La mujer llegó a él en tal estado, que fueron necesarias varias punciones para extraer el pus de los pechos. Y el doctor verificó en la niña un frenillo de tipo 4 hasta entonces NO diagnosticado. Pero el tiempo había corrido muy en su contra y ya se había producido un absceso, con lo cual terminó en el quirófano del hospital para abrir el pecho y realizar una buena y urgente limpieza del mismo.
El bebé, en estas circunstancias, tuvo que ser alimentado con leche artificial y así continuará, pese a que en caso de un absceso no es necesario destetar. Se recomienda que la madre amamante al bebé del pecho sano, y durante un par de días se extraiga del pecho intervenido. Una vez transcurridas estas 24-48h puede volver a lactar del pecho enfermo, protegiéndose la herida y el drenaje para que el bebé no lo arranque sin querer.
Mi compañera, la asesora, me contaba cómo lloraba esta madre. Por el dolor físico y por el dolor que le causaba no poder amamantar a su primera hija. Apenas pudimos contener ambas, también las lágrimas, pero sabemos que como asesoras voluntarias hicimos lo que pudimos, no nos correspondía más.
Y ahora viene la siguiente cuestión. Si yo como VOLUNTARIA no paro de hacer cursos de reciclaje y formación, si yo como asesora de un grupo de apoyo a la LM, sin ser experta en anquiloglosias soy capaz –por la clínica que la madre me refiere- de detectar una anomalía, si yo como asesora sé cuál es el antibiótico indicado para este problema de mastitis en concreto… ¿por qué el personal sanitario NO lo sabe?
Las asesoras voluntarias NO cobramos por nuestra labor, NO tenemos el prestigio del que constan los médicos y matronas, NO podemos diagnosticar ni tratar, pero somos las que estamos a pié del cañón con las madres durante sus lactancias.
En cambio, parte del personal sanitario que está con las madres y es a quien les corresponde tratar con las posibles patologías derivadas de la lactancia, NO están actualizados y lo que es peor, la mayoría NI siquiera están formados en lactancia materna.
En noviembre de 2010 se hicieron unas jornadas gratuitas de actualización sobre lactancia materna en el Hospital General de Valencia, impartidas por Sina. Yo estuve en ellas y entre todas las asistentes sólo acudieron tres profesionales de toda la Comunidad: una enfermera del propio hospital, una enfermera de un Centro de Salud y una enfermera de un hospital de Castellón.
Recientemente se ha terminado una formación intensiva en la Facultad de Medicina de Valencia, éste no era gratuito pero su coste apenas era significativo en proporción a la formación e información que a través de él se podía adquirir. También estuve en él y el personal sanitario que allí estaba, se podía contar con los dedos de una mano.
Estas palabras no son una descalificación hacia los profesionales de la salud, sino una llamada a la conciencia. Hoy en día hay posibilidades para una formación específica en lactancia materna y para un reciclaje continuado respecto a la misma. Pero desconozco la razón por la que son todavía muy pocos los médicos, matronas y personal de enfermería que acuden a estos cursos. Y lo digo tal y como lo conozco y como lo he vivido, asumiendo la responsabilidad mis palabras.
Ojalá lo que le ha sucedido a L., la mamá en cuestión, no ocurra nunca más. Ojalá se incluya en en la especialidad de pediatría, en la de matrona y en la enfermería, una buena formación sobre lactancia materna. Y ojalá los profesionales tengan conciencia de lo que es amamantar, a nivel físico y a nivel emocional, para los bebés y para sus madres. Y en definitiva para la sociedad y para el planeta.
 
Extraido del blog AMAMADOULA.

jueves, 2 de mayo de 2013

Mastitis, el lado oscuro de la lactancia

"En los últimos años, la lactancia materna está siendo objeto de un renovado interés en los países desarrollados debido a los beneficios que este tipo de alimentación proporciona a corto, medio y largo plazo.
Desde el punto de vista médico, las mastitis constituyen la principal causa de destete precoz; sin embargo resulta sorprendente la gran escasez de estudios sobre la mastitis humana.
Ante la ausencia de un diagnóstico y la frecuente prescripción de un tratamiento inadecuado, las mujeres con este problema suelen enfrentarse a un difícil dilema: seguir amamantando a su hijo aguantando el dolor y resto de síntomas ante la incomprensión de su propio pediatra, o abandonar la lactancia."
(Fragmento extraído del libro del mismo título 2013)
 
 
 
Desde el grupo de apoyo a la lactancia De Mare a Mare, estamos viendo, muy a nuestro pesar a muchas de vosotras con este problema, y es por esto que además de todo nuestro apoyo, y sabiendo por experiencia de algunas de nosotras lo doloroso que puede resultar, hemos decidido tener en nuestro poder el libro MASTITIS, EL LADO OSCURO DE LA LACTANCIA, y seguir formándonos como hasta ahora para poder daros mas respuestas.
 
Sois todas unas valientes y deseamos de verdad que las que optáis por este tipo de alimentación para vuestros pequeños, podáis disfrutar plenamente de una lactancia exitosa.
 
Recuerda que dar de mamar no ha de doler, si esto ocurre es que algo no marcha bien, y para eso estamos, para ayudaros a superar este pequeño bache.
 
Si queréis leer algo más, os enlazamos con un artículo de Sina, grupo de apoyo a la lactancia materna de Valencia que está muy interesante.
 

martes, 7 de febrero de 2012

Muerde el pecho


A menudo se escucha a mamás que tienen el problema de que sus hijos les muerden el pecho al ser amamantados o incluso algunas personas que bienintencionadamente al ver a nuestros hijos con dientes mamando nos sueltan eso de ¿no te muerde?
Pues bien, os copiamos este extracto del libro de Yolanda González "Amar sin miedo malcriar"

Muerde el pecho
En los grupos de lactancia y en las consultas, suele salir este tema de vez en cuando. La última vez que surgió, una madre lo narró así: “Cuando estoy tan tranquila, me pega un mordisco y me hace mucho daño. ¿Qué hago?”. Pregunto si alguna madre más se encuentra con una situación similar. Otra madre que lleva algún tiempo en el grupo, dice: “A mí también me ha empezado a morder” Sigo indagando y pregunto cuándo ocurre esto. La primera me dice que en cualquier momento y la segunda que cuando se está durmiendo. Son dos situaciones diferentes. Lo primero que aclaro es que cuando los bebés se están durmiendo en ocasiones cierran los maxilares, como si quisieran asegurarse de mantener el pezón en la boca.

Si no tienen dientes, simplemente la madre siente la presión que ejerce su mandíbula en el pecho, aunque lo puede interpretar como morder. Esto no es morder. Incluso aunque tengan dientes, si ocurre en ese momento tampoco hay una intencionalidad de morder. Simplemente cierran las mandíbulas. Lo segundo que señalo es que, efectivamente, a veces los bebés muerden. Cuando lo hacen tenemos que preguntarnos “por qué” antes de “qué hacer”. Son muchos los motivos que puede haber detrás de morder. Básicamente:

- muerden porque están hiperexcitados y necesitan descargar la sobrecarga de estimulación
- muerden como expresión de rabia ante la frustración
- muerden, en ocasiones, por la irritabilidad producida por la salida de la dentición.

Lo más importante para comprender los motivos por los que un bebé muerde es preguntarse cómo te encontrabas en ese momento y qué estabas haciendo cuando el bebé mordió el pecho. Las respuestas a veces son vagas: “No sé”, “no me acuerdo” o “nada”. En los grupos, no considero suficiente estas respuestas que sólo buscan recetas inmediatas e intento indagar más para que conecten con su estado en aquel momento. Generalmente, la indicación que doy es que observen la interacción y en el próximo grupo la compartan. De forma muy habitual, la madre reconoce que el mordisco ocurre cuando está distraída. Bien porque ve la televisión o habla por teléfono o está sumergida en sus pensamientos. En todos estos casos, la madre está ausente. Y nunca mejor dicho, “no hay cosa que más rabia le de a un bebé” que el hecho de que su madre esté ausente mientras amamanta. Y no sólo a los bebés les produce rabia la ausencia emocional, sino a muchos adultos que refieren su experiencia infantil con relación a sus padres, durante el proceso terapéutico. Por tanto, es una clara expresión de rabia. Sí, rabia. Los bebés tienen emociones intensas y totales, que no pueden relativizar. Les invaden directamente y sin ningún filtro y, si no hay represión o inhibición, la expresan. También puede ocurrir que la madre esté irritable y al bebé le resulte desagradable mamar en esas condiciones. O los motivos antes señalados. En el caso de que responda a una situación de rabia, hay que tener presente que le bebé está en plena fase oral del desarrollo evolutivo. Recordemos que durante ésta, la boca es la sede del placer. Pero también es la única zona desde donde se puede expresar la rabia. Todavía no pueden usar las manos y los pies para golpear, por tanto es el lugar privilegiado para la expresión de la rabia ante la frustración emocional.

En la dinámica grupal, acostumbro a preguntar: “¿Qué haces cuando te muerde?”. A veces, las madres dicen que manifiestan inicialmente sorpresa, si el mordisco es suave. Ante la gesticulación de la madre, el bebé puede llegar a sonreír y, ajeno a su sentimiento, querer repetir el mordisco para observar la respuesta de la madre. Y de esta manera convertirse en un círculo vicioso que ni uno ni otro saben romper. En los casos en los que el bebé sonríe después de morder o justo antes, las madres le atribuyen un entendimiento similar al adulto. “Sí, entiende, porque me mira y se ríe”, objetan algunas mujeres, atribuyéndole una maldad de la que no dispone. Se ríe porque no sabe todavía interpretar el gesto novedoso y ruidoso que se produce cuando él muerde. Por otro lado, hay madres que responden gritando: “¡Ay, eso no se hace!” y le retiran el pecho, provocando un susto al bebé, que inmediatamente llora o se contrae no entendiendo lo ocurrido, por muchas explicaciones que le des.

Algunas monitoras de lactancia y algunos grupos pro-lactancia sugieren que la madre debe hacer saber al bebé que “eso no se hace”. El objetivo de este planteamiento es intentar que no se vuelva a repetir el mordisco, pero se está ignorando la causa y atendiendo sólo a la conducta. Si un bebé muerde, es por algo. No es un capricho, probablemente esté rabioso o responde a los motivos anteriores. Morder le permite, en plena fase oral, descargar la tensión que acumula en la boca, fruto de la frustración (o de una posible irritación puntual por la salida de los dientes). Descargar esta tensión le produce relajación y placer. Veremos qué hacer, pero primero tenemos que comprender. La solución no es reprimir al bebé, sino saber primero la causa y en segundo lugar ayudar a la madre a recuperar el contacto consigo misma y con el bebé. No vale cualquier reacción para lograr el objetivo. Las reacciones de las madres ante los mordiscos son importantes.

Main y Hesse (1992) destacaron que “es casi tan perjudicial para el niño sentir a la madre como alguien que asusta, como sentir que ella es la asustada”

Fonagy y Target (1996), con relación a la reacción de la madre que se asusta ante el mordisco del bebé, destacan: “Por ejemplo, un bebé puede morder el pecho de la madre con placer lleno de emoción y producir una reacción de ira o aversión. Si estas experiencias son frecuentes, puede esperarse que tengan un efecto desorganizativo en la comprensión del bebé de sus propios estados, ya que su emoción y placer se igualan a ira y rechazo en su madre” generando un gran desconcierto en el bebé, que siente cómo sus emociones aterrorizan a la madre.

Por tanto, insistiré a lo largo de todo el libro como lo hago en todos los grupos en el cómo de nuestra respuesta es fundamental. No sólo en el caso de los mordiscos, sino en toda la interacción con el bebé. Recordemos que los bebés captan la emoción del lenguaje, no su contenido. Y fijaos si es importante que, según D. Stern (1995), en las comunicaciones con el bebé: “El tono, el timbre y el ritmo contribuyen a su seguridad o inseguridad”.

Qué hacer

- En primer lugar, detectar qué y por qué está pasando, como hemos visto anteriormente. Encontrar la causa puede hacer desaparecer del todo esa manifestación.
- Si ha ocurrido puntualmente y fruto de la salida de los dientes o de una falta de contacto pasajera, no hay que darle importancia, salvo para tenerlo presente.
- Masajear la mandíbula del bebé suavemente, antes de que mame y cuando esté muy tranquilo.
- Ofrecerle objetos alternativos para que muerda y descargue la tensión acumulada.
- Retomar el contacto y la presencia emocional cuando se está con el bebé, intentando evitar la angustia o la tensión corporal ante el temor a otro mordisco, que es captada por el bebé.
- Evitar cualquier sistema destinado a la represión de su expresión sin olvidar buscar formas de canalizar la rabia.
- Estar atenta: normalmente hay unos signos que permiten anticiparse al mordisco. Suavemente y con los dedos de la mano, bajar la barbilla del bebé para evitar el mordisco.
- Evitar los gritos y el susto corporal, y el “eso no se hace”, en caso de que no hay podido evitarse del todo
- Si no es suficiente, consultar a un profesional especializado en temas de crianza.

Yolanda González Vara.

lunes, 8 de agosto de 2011

El aislamiento de las madres que dan Lactancia Prolongada

Por Mireia Long Via Bebes y más.


Hemos hablado hasta ahora de la razones por las que ahora, en nuestra sociedad, se ha convertido en algo poco habitual, aunque en muchas culturas el dar el pecho más de dos años no sea minoritario, acuñándose el término de lactancia materna prolongada a un concepto bastante variable, que podemos generalizar diciendo que se suele aplicar a quien amamanta más de un año y segurísimo a quien lo hace más de dos. Y, en términos también generales, tiene una consecuencia: el aislamiento y la presión sobre las madres que se salen de la norma de nuestra sociedad “deslechada”.

Sin embargo, dado que la edad del destete ideal es un hecho en el que todas las culturas humanas suelen tener algo que decir y que limita sus aspectos naturales, el practicar la lactancia natural sin un destete programado no es comprendido en nuestra sociedad, una de las sociedades que menos amamantan y por menos tiempo, y provoca, además, las críticas más absurdas.

Que la leche no alimenta, por supuesto. Que la leche se ha acabado seguro unos meses después del parto. Que no puede ser buena para el niño, mejor la de vaca. Que seguirá mamando a los 18. Que se hará homosexual, como si la orientación sexual fuera una infección por las glandulas mamarias femeninas. Que nunca se despegará, será inseguro… yo que se. La de tonterías que he tenido que escuchar.

El aislamiento de las madres y la presión del entorno
Pero si topas con un pediatra anticuado o tu familia sigue con prejuicios contra la lactancia, el dar el pecho después del año, y no os digo ya después de los dos años, se puede convertir en una fuente de disgustos. Lo que si os digo, para animaros, es que a partir de los tres o cuatro dejan de opinar, sobre todo si los has puesto en su sitio a su debido tiempo.

Las madres pueden llegar a sentir un gran aislamiento y sufrir mucho especialmente en las reuniones y situaciones en las que se las aborda con comentarios hirientes. Dependiendo de ellas mismas y de la mentalidad de quienes las hacen sentirse agredidas o despreciadas, pueden usar algunas estrategias comunicativas para lograr hacerse, aunque no sea entender, al menos, respetar.

El grupo de afines
Para ellas suele ser de mucha ayuda buscar apoyo en otras madres que amamanten o tengan un estilo de crianza parecido, pues sentirse respetada, escuchada y valorada es indispensable. Realmente, la soledad de la maternidad puede ser muy dura en nuestra sociedad, pero si encima el entorno directo ataca nuestras decisiones, se burla de ellas, presiona con amenazas sin fundamento alguno o nos reta permanentemente necesitamos crear nuestra propia familia en la que podamos maternar confiadas y seguras.

Ese grupo de afines muchas mujeres lo encuentran en redes de madres, grupos de apoyo a la crianza o la lactancia y en internet.

Respecto a las presiones, ataques, desprecios y burlas de las familias o el entorno habitual sobre la lactancia escribiría una epopeya. No entiendo que la gente se considere con derecho a meterse en nuestra intimidad y criticarla, incluso si son miembros de la familia directa, o si lo hacen con buena intención desde la ignorancia.

Sigue siendo una forma de violencia especialmente dura para las madres recientes y me gustaría que nos contáseis algunas de las situaciones difíciles por las que habéis pasado en vuestra lactancia materna prolongada.

Veremos en el siguiente tema algunas ideas para sobrellevar las dificultades y problemas de la lactancia materna prolongada y la documentación científica que la avala como una práctica normal y sanísima.

La actual pérdida de la cultura del amamantamiento hace que en ocasiones se ejerza sobre las madres que siguen dando pecho a sus hijos más allá de las pautas marcadas como “normales”, presión psicológica o cierto aislamiento, los mayores problemas y dificultades de la lactancia materna prolongada.

Las mujeres que dan el pecho más de un año se enfrentan a menudo con la incomprensión de familiares, amigos y profesionales de la salud y buscan razones con las que defender sus decisiones e información que cambie la opinión de los que las atacan.

¿Debemos defendernos?
En primer lugar debo decir que no creo que una madre o un padre deban defenderse por tomar decisiones sobre crianza y que los demás más bien tendrían que aprender un poquito de educación y meterse en sus asuntos.

Mi premisa sería: a quien no le debamos explicaciones, no se las demos. A quien comente algo que no es de su incumbencia, no le contestemos. A quien sea grosero, maleducado, burlón o sarcástico, responderle con silencio o de forma cortante, tal y como merecen. Cuanto antes se ponga en su sitio a los metomentodo, mejor.

Veremos, en otro tema, como, las mamás que se sienten presionadas o aisladas por su entorno debido a la lactancia prolongada pueden defenderse y responder a los ataques o a los comentarios desagradables.

sábado, 6 de agosto de 2011

Las dificultades de la lactancia materna prolongada

Autora: Mireia Long


Debo empezar diciendo que no me gusta nada el término lactancia materna prolongada, pues su significado es tan variable como la mentalidad de las personas. Cuando una mamá amamanta más allá de los nueve meses o del año se sigue encontrando muchas situaciones incómodas, críticas y comentarios nacidos de la ignorancia por parte de su entorno. Esta es sin duda la peor de las dificultades y problemas de la lactancia prolongada.

Se suele considerar lactancia materna prolongada la que va más allá de los dos años que aconseja la Organización Mundial de la Salud como el tiempo mínimo óptimo de amamantamiento, sin embargo, la misma OMS aclara que es una cifra que solo indica el mínimo y que no hay razón para destetar a los dos años.

Dicho esto, en realidad una lactancia duraría mientras madre e hijo lo decidan, y podría ser normal mantenerla hasta, perfectamente, los seis o siete años, sin que existan dato alguno real que demuestre que esto es perjudicial, como veremos más adelante, y, no solo eso, sino que es una edad normal de destete según parámetros etológicos referidos a las características de nuestra especie, como reconoce el Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría.

Amamantar después de los dos años suele ser mucho más sencillo. Los problemas iniciales fueron ya superándose, los niños van teniendo pautas de sueño más estables y la lactancia sirve como consuelo y reconciliación además de como alimento. Ya no nos preocupará si toma suficiente, pues daremos toda clase de alimentos y también, si queremos, otros lácteos. Incluso, si hay situaciones en las que no queremos amamantar o hacerlo en privado, los niños van entendiendo y pueden aceptar estas condiciones.

Pero, por otro lado, sigue teniendo a su favor las mismas ventajas que antes: un alimento de gran calidad siempre listo y protector, esteril, que puede rehidratar, alimentar y consolar a la vez.

Las dificultades para una madre que desea dar el pecho más de dos años son, fundamentalmente, las presiones y la incomprensión del entorno.

Datos contra la lactancia materna prolongada

Realmente no hay ningún dato que demuestre que dar el pecho más de dos años tenga el más mínimo inconveniente ni para la salud ni para el desarrollo emocional del niño. Tampoco para la madre. Más bien, todos los estudios que se publican suelen indicar que los beneficios de la lactancia se mantienen a lo largo del tiempo e incluso son mayores cuanto más dura la lactancia, aunque suele haber pocos trabajos específicos sobre niños mayorcitos.

Y más bien hay datos muy claros que señalan que, a pesar de ser una cuestión muy influenciada por las pautas culturales variables, el periodo de amamantamiento natural en el ser humano se puede fijar entre los dos años y medio y los siete años, según el marcador analizado. Por tanto, hablar de lactancia materna prolongada no tiene mucho sentido.

Suele indicarse que los niños necesitan tomar leche para lograr un desarrollo completo de sus huesos y su crecimiento, por lo menos hasta los seis o siete años. Si de verdad hace falta al niño humano tomar leche, la lógica nos dice que siempre hablaríamos originariamente de leche de su especie más que leche de otra, aunque puedan asimilarla.

Sin embargo, ya que en nuestro entorno amamantar dos años es minoritario y los ataques a las madres que dan el pecho empiezan mucho antes, hacia el año, me referiré a la lactancia materna prolongada y sus problemas de forma flexible y dependiendo mucho del entorno y su valoración de la lactancia después de haberse introducido la alimentación complementaria.

A pesar de proporcionar múltiples beneficios y no conocerse ningún inconveniente para la lactancia materna prolongada, las mujeres que deciden amamantar a sus bebés hoy en día durante un periodo superior a los dos años, se encuentran con frecuencia con dificultades.

Aunque hay campañas y una mayor conciencia de los beneficios de la lactancia materna, se siguen presentando como si fuera algo añadido, un plus que podemos ofrecer a nuestros hijos, produciéndose la situación en la que la madre que amamanta no recibe suficiente información o a apoyo del entorno.

La pérdida de la cultura del amamantamiento

Nuestra sociedad ha perdido en los últimos cien años la cultura del amamantamiento y se sigue considerando “normal” dar el pecho unos meses, pero cuando se supera el año las mamás empiezan a sentir una fuerte presión de conocidos, familiares y hasta de la señora de la cola del super que se permiten indicarle el daño que le hace a su hijo, los problemas psicológicos que le aguardan y que su leche, por supuesto, ya no puede alimentar.

Los falsos mitos, incompatibilidades, problemas para la madre y trastornos mentales profetizados para el niño han dado ya muchos temas a Bebés y más. La información cala despacito y se siguen escuchando muchas tonterías contra la lactancia a demanda, la lactancia nocturna, la lactancia exclusiva, todas ellas culpables, al final, de fracasos en lactancias deseadas perdidas por los malos consejos.

Si a eso añadimos que a veces las madres no cuentan con alguien con experiencia que sepa identificar el problema y ayudarlas de forma efectiva, es complicado salir adelante.

Los profesionales de la salud y la lactancia materna prolongada

Desgraciadamente a veces los profesionales de la salud tampoco apoyan la lactancia materna como debieran. Recuerdo a mi primera pediatra, la que me regalaba leche de bote para que le diera a mi hijo al irme a trabajar y me decía que sacarme la leche era un capricho absurdo, la que pautaba el destete nocturno con Estivill desde los seis meses y desde luego consideraba seguir con el pecho después del año una manía sin sentido. Vamos, toda una defensora de la lactancia que sin duda lograba que pocos niños pudieran seguir tomando leche materna tras pasar varias veces por su consulta.

Me temo que no es la única que sigue mandando biberones de ayudita innecesarios, manda leche artificial para las papillas, te dice que la leche es de postre una vez has introducido la alimentación complementaria prematuramente y considera que la lactancia nocturna es perjudicial. Cada vez son menos, pero siguen quedando y hay que saber detectarlos para huir de ellos si quieres amamantar sin problemas.

Por supuesto hay magníficos pediatras y enfermeros que se actualizan, como es su obligación y ayudan a las madres a seguir amamantando, dándoles toda la información necesaria para que entiendan lo importante que es la leche materna para sus hijos también a partir de los seis meses o del año. Sin ellos, posiblemente nunca se logre mejorar los índices de lactancia españoles. Hay que reconocerles el gran papel que hacen.

Sin embargo, pese a la gran influencia que puede tener nuestro pediatra o nuestra matrona o enfermera de pediatría en el fracaso o el éxito de nuestra lactancia, la presión hacia las madres que ya están informadas y han decidido seguir con la lactancia mientras sus hijos lo deseen, no suele venir tanto de los sanitarios, a los que se ha aprendido a sortear o elegir, sino del entorno: la familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o, en general, cualquiera que se entere que no has destetado antes del año y se considera con derecho a darte la charla. Las dificultades de la lactancia materna prolongada son sociales como decía al principio y veremos en el siguiente tema como lidiar con ellas.

jueves, 7 de julio de 2011

Pezones planos o invertidos


Los pezones planos o invertidos no deberían ser un problema para la lactancia pues los bebés no maman del pezón sino del pecho. La mayoría de los pezones invertidos están rodeados de tejido suficientemente protráctil como para que el pezón protuya con la estimulación o la succión, e incluso después de unos cuantos días de lactancia se mantengan hacia fuera incluso entre toma y toma.
Los verdaderos pezones invertidos en los que los filamentos musculares que hacen revertir el pezón no existen o son muy cortos son extremadamente raros y comportan serios problemas. El intento de amamantar o extraer leche provoca heridas y dolor importantes, ya que el pezón sale a costa de romper los tejidos internos. Incluso una madre muy motivada para amamantar lo va a tener imposible.
Por suerte, como hemos comentado, la mayoría de mujeres con pezones invertidos no tienen problemas y pueden amamantar porque el pezón queda modelado en la boca del bebé durante la succión.

Durante mucho tiempo se ha recomendado a las madres con pezones planos o invertidos hacer algo durante el embarazo para que los pezones salieran y así no tener problemas para amamantar. En 1995 en Reino Unido se hizo un estudio con 463 madres que tenían pezones planos o invertidos y se les dividió en tres grupos:
Al primero le asignaron realizar los ejercicios de Hofman 5 minutos cada día, que son estiramientos y rotaciones del pezón, durante el tercer trimestre de embarazo.
Al segundo utilizar también durante el tercer trimestre los escudos formadores de pezón.
Al tercer grupo se le asignó no hacer nada.
A las 6 semanas se entrevistaron a todas las madres y se constató que en el primer grupo lactaba con éxito el 44 por ciento de ellas, en el segundo grupo el 45 por ciento y en el tercer grupo el 46 por ciento.
La conclusión del estudio fue de que NINGUNO de esos métodos funciona.
En Australia, se hizo otro estudio con 300 madres con pezones invertidos o planos: a la mitad se le asignó realizar ejercicios de Hofman y a la otra mitad no hacer nada. No hubo diferencia en éxito de la lactancia en un grupo u otro pero un 10 por ciento de las madres que tenían asignado realizarse los ejercicios de Hofman no quisieron comenzar la lactancia materna, porque no soportaban hacerse eso y estaban convencidas que si no lo hacían no lograrían amamantar.
En cuanto al Niplette, consiste en un dedal de plástico que se coloca en el pezón, se conecta a una jeringa de 2 cm y se hace el vacío, con lo que el pezón queda succionado dentro del dedal y se retira la jeringa. Los fabricantes sugieren que la mujer embarazada lleve el dedal puesto cada día un rato más hasta conseguir una hora al día. Es efectivo pero caro y sumamente molesto y doloroso. Más pensando que un bebé consigue el mismo efecto en unas horas o un par de días.
Además todos estos métodos están haciendo sentir a la madre que sus pechos no son válidos para la lactancia y predisponiéndola a fracasar.
Los pezones planos o invertidos no son en sí mismos un impedimento para la lactancia materna aunque pueden llegar a serlo si se añaden otros factores de dificultad como:

-Inicio tardío de la lactancia (Después de las 2 primeras horas después del parto). Los bebes a la hora de vida tienen todos los instintos a flor de piel, yo siempre he dicho que en ese momento mamarían de una pared. Pasadas dos horas entran en periodo de letargo y duermen durante muchas horas. Intentar iniciar la lactancia materna en ese periodo y sobre todo después de haber recibido un chupete o biberón no suele salir bien. Lo primero que tiene en la boca un bebé crea impronta, es importante que haga impronta con el pecho, y si uno de los pezones es más plano o invertido que el otro mejor empezar con ese.
-Ofrecer biberones de leche de formula, sueros o chupetes. Porque no se parece en nada una tetina o chupete a un pezón plano o invertido.
-Uso de pezoneras, pues su uso retrasa el aprendizaje del bebé a mamar correctamente e impide el moldeamiento del pezón.
-Horarios estrictos que favorecen la ingurgitación. Una mama con pezón plano ingurgitada se convierte en una pelota, no hay por donde agarrarse a mamar. Ideal prevenirla, pero si sucede ya sabemos lo que hacer.
-Comentarios desalentadores por parte de familiares o profesionales.

La asistencia profesional en la primera toma es crucial. Posiblemente la madre esté convaleciente de la anestesia epidural, lleve una vía endovenosa y necesite ayuda para iniciarla primera toma.
Acercaremos al niño junto a la madre y a falta de pezón estimularemos con un dedo las mejillas para provocar el reflejo de búsqueda, el apoyo mandibular contra el pecho le provocará abrir la boca como si bostezara, tomaremos una porción de pecho y apuntando el pezón hacia el paladar guiaremos al niño al agarre sujetando el pecho por detrás de la areola. Una vez el niño se ha agarrado, mantener la sujeción hasta que haya succionado un par de veces y se haya creado el vacío suficiente para que el pezón quede situado en la boca y el pecho no se escape.
Si el bebé se agarra bien la primera vez, ya lo hará siempre bien.